viernes, noviembre 18, 2005

La niña de los fósforos


De nuevo Arhuaco me hizo recordar al hablar del Príncipe Feliz a otro cuento que leí de pequeño, a la Fosforitera (o la Niña de los Fósforos, en una traducción algo más libre del original).


Y ahora resulta que el parche para el DRM que instalaba Sony agrega más problemas que soluciones. Como protesta, no pienso comprar el Playstation 3.

Suena: Tom Jobim - Desafinado.


martes, noviembre 15, 2005

All your base are ..


It was night the first time he noticed it. A rainy night. Why didn't he ever wear a scarf? It doesn't need to be cold outside for his neck to feel naked, anyway. Raindrops dripped from his hat unto his naked neck. But he didn't gave much thought to it, he was late -again- and needed to rush to the bus stop to take the Syldavian train to the launch base. The second time the question arose, he knew it for sure. It was when an unsuspecting traveler who had a cold on the third wagon of the train was staked through his heart by the hysterical group of stewardesses, screaming "all your base are belong to us". The scarf was used in Syldavia to hide the vampire's bite marks.


Tibetan door and scarf


I'd rather live in Colombia, where the only things you need to hide are your girlfriends hickies.


martes, noviembre 08, 2005

Hasta dónde llegan sus derechos?


Navegando por el blog de Arhuaco recordé la indignación que sentí cuando supe la noticia sobre el rootkit que se instala en el computador con el programa de reproducción del disco que contiene Administración de Derechos Digitales (DRM por sus siglas en inglés) que viene con el CD para evitar que se hagan copias indabidas del disco, y con el único que se puede reproducir. En este artículo el señor Mark Russinovich desentraña la maraña de código pobremente escrito de dicho rootkit que, como todo rootkit, es complicado para el usuario común de desinstalar. Aparte de lo interesante del artículo, existe el problema legal y moral de pisotear los derechos de los demás para proteger los derechos propios, como lo hace Sony en este caso, lo que sigue demostrando que todo extremo es malo.

Si lo piensan bien, sus derechos terminan donde empiezan los de los demás. O no? El problema es que solo se dan cuenta que están pisoteando a los demás cuando reciben el pisotón de regreso.


lunes, noviembre 07, 2005

Crónica Fallida XX - El viaje


Fue un día antes de su cumpleaños 17 que Verena Schlubach llegaba de intercambio y entraba a su curso. Era octubre, como mes y medio luego de haber empezado clases. Su cabello entre castaño claro y rubio, sus ojos entre pardos y verdes, sus ojeras suaves, su piel suave y muy blanca, líneas delgadas, pero con curvas, su nariz era algo rara, boluda en la punta, como un melocotón, y delgada hacia la frente. Iba sin uniforme, con un par de jeans que dejaban ver la hermosa forma de un par de piernas largas, larguísimas, y un saco verde oscuro que dejaba entrever un delgado cuerpecito. Pero no era tanto lo linda que fuera, sino su actitud. Precisamente eso, su seguridad, fue lo que le atrajo de ella, tenía ese letrero que decia "Peligro" tatuado con tinta invisible en la frente. Cuando ella ponía sus lentes dorados sobre el puente de su nariz, lo mataba. Era de esas miradas que lo asesinaban, con su mezcla de 'nerd' y de vaga, de aquellas que creaban una dicotomía en su estómago y no lo dejaba respirar. Ella tenía 16 años, y ya era una mujer hecha y derecha. El, con sus 17 sin cumplir era un pobre baboso, un culicagado como todos los hombres de su edad.

Durante la excursión a Gorgona, precisamente la semana siguiente, tuvo su oportunidad. Ricardo había sacado fuerzas de su indecisión para hablarle un par de veces, pero no había podido ni siquiera concretar un café con ella. Pero ese día, camino a la isla, cuando el se encontraba destrozado por la angustia de no saber que hacer, sencillamente decidió ahogarse en la musica que emanaba de los audífonos de su walkman, "Zooropa" de U2, recién grabado a un cassette TDK de 90 minutos del CD original que le había prestado un amigo. Si, uno de los del bus, le pidió el favor puesto que el que había encargado a Irlanda no le había llegado aún. Fue a la proa y se acodó solo en la cubierta del barco escuchando "Babyface" una y otra vez, ardiendo en el fuego que ella había despertado en el, la bestia en su estómago rugía y no era hambre precisamente. Empezó a mirar las estrellas, pero inició una llovizna incipiente y el clima amenazaba neblina. Las baterías del walkman de retroceder una y otra vez la cinta para regresar a "Babyface" empezaban a denotar agotamiento, así que dejó que la cinta siguiera su curso. La amenaza de niebla se hizo realidad y no hubo más que mirar. Y en el momento en que empezaba "Lemon" ella salió de entre la niebla, sola, caminó hacia el, se sentó en el suelo y recosto su cabeza en su pecho. No hubo palabras y el supo que ese era uno de los momentos en la vida en que se debe hacer algo para que ambos hubieran seguido por el mismo camino, en lugar de tomar cada uno el suyo, separados. Sin saber que hacer, empezo a jugar con los mechones de pelo que caían sobre su pecho. Intento entablar una conversación, echada a perder. Luego hubo silencio. El le habló sobre que escuchaba a U2, que había una canción que quería que escuchara, que iba por unas pilas nuevas al camarote y regresaba. Ella asintió, aunque pensando bien, pareció más que se hubiera encogido de hombros. El se levantó, la dejó allí y regreso al minuto para ver que Phillip, otro estudiante en intercambio estaba hablando con ella. Al rato ella se levantó y se fue, seguida por Phillip. El salió a la cubierta, se tiró al suelo, miró hacia arriba y las estrellas que antes se veían, eran ahora gotas de agua que caían hacia su cara iluminadas los últimos metros por las luces del barco. Verde a babor, roja a estribor. Se quedó viendo las estrellas rojas y verdes que viajaban hacia el, al estilo de un viaje a warp 2 de un Star Trek sicodélico, mientras añoraba sumergirse en una ducha de absinthe que lo llevara a lo más bajo de su depresión y tristeza. Empapado por la lluvia, empezó una fiebre en cuyo delirio empezaría a achacar sus males a las mujeres (lo que le convertiría en misógino por un año) y a todo lo demás. Acusó a las baterías del fracaso, pensando que sino hubiera sido por eso, el y Verena habrían pasado la noche viendo las estrellas, amaneciendo abrazados en la cubierta del Tropic Surveyor. Nunca se dio cuenta que el problema era que había dejado escapar de nuevo el momento, sencillamente porque no sabía como atraparlo. Debió vivir el día, sin miedo al fracaso; igual ella se iba a ir en 4 meses, cuando terminara el intercambio. Ricardo tenía 17 recién cumplidos y seguía siendo un baboso.


domingo, noviembre 06, 2005

Crónica Fallida XIX - El encuentro


"Y si tal vez no nos hubieramos conocido hace 5 o 10 o 15 años, sino justamente hace 15 minutos. Habríamos podido evitar tantos malentendidos. Tal vez, solo si tal vez no hubieras sido tan niña, y yo tan imbécil, para haberme dado cuenta del brillo en tus ojos, para haberme dado cuenta que tu sonrisa fácil era solo para mí. Tal vez, solo tal vez."
Juanita lo miró a los ojos y le preguntó, aunque fue más una afirmación lo que le dijo: "Alguien te hizo daño, cierto?".
"Si, pero tu fuiste la primera que no lo hizo".

Cual no sería su sorpresa cuando ella le tomó de la mano y le dijo: "Quiero cerrar el círculo que nunca empezamos, tomar por asalto lo que nunca me diste" y lo invitó a seguir a su casa por un café.