viernes, octubre 20, 2006

XXV: Hay cosas en la vida que no se pueden pagar...


"Logró encontrar la reflexiva madurez que da la posibilidad de disfrutar de las cosas sencillas? De saberse capaz de lograr lo que se desee, pero sin la necesidad de pasar por encima de otros, ni de sentirse superior, ni de burlarse cínicamente de los demás, de aquellos ' pobres ignorantes'?", le preguntó el doctor Latorre a Alejandro. "Aún no" -respondió Alejandro- "pero finalmente me he dado cuenta que el mundo no gira alrededor mío."
"Vamos mejorando", dijo el doctor y agregó "la próxima semana a la misma hora lo espero en mi consultorio".

Laguna de Fúquene, Oct 14/2006, Germán García

Eduardo abrió los ojos y lo primero que vió fueron dos llamas ardientes que lo miraban fijamente desde un oscuro cráneo de apariencia pétrea, probablemente una roca ígnea que había sido esculpida por eones de ensayo y error de la naturaleza. ¿O tal vez no? ¿Sería posible que fuera de nuevo otro sueño terrible? No. Al parecer, finalmente sus ronquidos habían despertado al innombrable que dormitaba en las profundidades de la ciudad sumergida de R'yleh. El fin del mundo había llegado.

Laguna de Fúquene, Oct 14/2006, Germán García

El elefante se erguía tranquilamente en la sabana. Había logrado ahuyentar a las hienas que se habían acercado insolentemente a su pequeño primogénito paquidermo. Pero pensándolo pacientemente, parecían perros como los que se humillan siempre ante los hombres... regresando rápidamente al redil, resoplando rápidamente y con el corazón en la trompa, Blue, como le decían sus compañeros, encontró a su familia mueca y muerta. Sus colmillos cercenados, su moral por el suelo, la vida que había en ellos desvanecida. Tranquilamente, Blue supo que todo había terminado y se dirigió a las tranquilas playas del lago Tanganyka a esperar su muerte.

Laguna de Fúquene, Oct 16/2006, Germán García